Señor:
Es evidente que el pueblo español ha sido el protagonista de la creación de España como nación. Este hecho se manifiesta hoy en el principio de que la soberanía nacional reside en el pueblo español. Con todas las limitaciones en cuanto a su representatividad real, que a nadie se le escapan, la soberanía nacional se expresa en las Cortes Españolas. La Monarquía española jugó un papel clave en la forja de España. La identificación y lealtad del pueblo español con esa magna obra secular es la base del patriotismo. La entrega diaria de S. M. al servicio de España es el espejo en que el pueblo querría ver reflejado su compromiso histórico con España, su patriotismo.
La situación política objetiva es hoy de seria amenaza a la propia existencia de España como nación, como proyecto histórico. Entre otras expresiones del clamor popular, las multitudinarias manifestaciones de los últimos años permiten cuestionar honradamente la legitimidad de ejercicio por parte del Gobierno.
Con el título que nos concede ser españoles de bien, trabajadores y honrados; con el orgullo de haber dedicado sin reservas el tiempo y dedicación que la Patria nos pidió sirviendo a España; con la certeza de que estas líneas reflejan un extendido sentimiento entre nuestros compatriotas; con profundo respeto y firmeza, consideramos que es necesario que S. M. , en legitimidad de ejercicio, con respeto exquisito a los límites que la Constitución establece, exprese con claridad meridiana, taxativamente y sin ambages, su patriotismo con la misma lealtad que el pueblo español lo está haciendo. Es perentorio que la Corona demuestre su identificación con España. De lo contrario, por la limpieza de nuestro compromiso, nos sentiremos liberados de cualquier ligadura con S.M. para poder seguir siendo fieles a España. El llamado patriotismo constitucional es un buñuelo de viento ante los embates de la destrucción en marcha. La alternativa republicana en ciernes sería un desastre para España y por definición arrastraría a la Monarquía.
Hay posibles acciones perfectamente asumibles por S.M. y por cualquier español de bien que muestren a España por encima de banderías o intereses particulares. S.M. debe hacernos llegar una manifestación inequívoca de patriotismo esencial, sin forzar lo más mínimo el papel que la Constitución le atribuye. Y debe hacerlo públicamente donde la soberanía nacional se expresa: en las Cortes; si no sería una farsa más. S.M. sentiría el tranquilo afecto de los pechos que alientan el calor de España. Nada consideraríamos más decepcionante que constatar una vez más, y esta sería definitiva, «que buen vasallo si tuviese buen Señor».

Hola. Estoy de acuerdo