La Asociación Argumentos y Razones – ARAD está adscrita al Protocolo de Santa Pola, marco de colaboración entre entidades comprometidas con la defensa y proyección del Hispanismo.
Entendemos la Hispanidad como una civilización viva, fruto de la síntesis entre Europa, América, África y Asia, que hoy reúne a más de 600 millones de personas unidas por la lengua y una memoria histórica compartida. Tras cinco siglos de gloria, tragedia, mestizaje y relatos manipulados, defendemos que ha llegado el momento de dejar atrás la mera defensa para pasar a la afirmación decidida: no se trata de restaurar imperios pasados, sino de construir conscientemente el futuro de una gran civilización transatlántica. A esto lo llamamos Hispanismo Revolucionario: un proyecto político, cultural y geopolítico, no una nostalgia ni un folclore.
Rechazamos de raíz cualquier centralismo español que coloque a España como metrópoli cultural y al resto del mundo hispánico como periferia subordinada. Los españoles de México, Argentina, Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Bolivia y del resto de naciones hispanoamericanas no son hijos menores: son co-propietarios plenos de esta civilización, con idéntica dignidad histórica. La Hispanidad no tiene un único centro, sino múltiples capitales vitales —Madrid, Ciudad de México, Buenos Aires, Bogotá, Lima, Santiago— igualmente legítimas.
Reivindicamos la idea de Madre Patria lejos de cualquier tutela o paternalismo. España fue la cuna histórica, la fuente originaria de la lengua, el derecho y buena parte del impulso civilizatorio que hizo posible el mestizaje americano, pero esa madre no dio a luz hijos eternamente dependientes, sino naciones adultas que han transformado y, en muchos casos, preservado con mayor vitalidad ese legado común. Hoy la Madre Patria vive en todo el mundo hispánico: en el mestizo que camina por el Zócalo o por las calles de Buenos Aires, en el habla cotidiana, en las tradiciones que mezclan lo indígena, lo africano y lo europeo.
Este proyecto se sostiene en cuatro pilares: libertad frente a los relatos impuestos y los nuevos colonialismos culturales y económicos; dignidad, rechazando el complejo de inferioridad inoculado durante siglos; integridad, para reconocer luces y sombras de nuestra historia sin autoengaño ni victimismo; y justicia social de raíz hispana, entre el capitalismo salvaje y el estatismo clientelar.
Más allá de lo cultural, el Hispanismo Revolucionario tiene una dimensión geopolítica: el mundo hispánico reúne población joven, recursos estratégicos, una lengua de proyección global y una posición geográfica privilegiada para convertirse en un polo de poder autónomo. Para ello hacen falta tres revoluciones simultáneas —cultural y educativa, económica y política— que recuperen el orgullo histórico, impulsen la integración pragmática entre naciones hispanas y construyan cooperación sin suprimir soberanías.
Ha llegado la hora de dejar de ser reactivos y pasar a ser protagonistas de nuestra propia historia.
¡Viva la Hispanidad! ¡Viva el Hispanismo Revolucionario!
