Raúl Fernández
El día 31 de julio enviaba a familiares y amigos el siguiente WhatsApp:
La decisión de entregar Ceuta y Melilla está tomada. Esto es una demostración de que pueden hacerlo cuando quieran. Ceuta y Melilla no están bajo el paraguas inmediato de la OTAN. El rey y el gobierno harán el paripé como hicieron cuando el Sahara y la marcha verde. Los ceutíes que puedan se vendrán a la península y los que se queden corren el riesgo de ser pasados a cuchillo como pasó en Orán en la Argelia francesa. La «inteligencia » española seguro que lo sabía, pero se decidió no hacer nada. La señal, coincidiendo con la fiesta del trono marroquí es clara. El precio de unas docenas de ahogados no importa a nadie. El ensayo reciente en Gibraltar ha dejado claro que no nos moveremos por nada. Podemos ir a Ceuta, pero sin armas ¿que podríamos hacer? España quemada, su gobierno robando e indultando a los traidores, desmantelando el campo como antes se hizo con la industria, sustituyendo a una población ignorante y aborregada por otra ajena a cualquier apego a España; reina la delincuencia, desaparece la soberanía y España pasa a ser un estado fallido de sálvese quien pueda.
Desde entonces, un aluvión de tertulias televisivas y radiofónicas, manifestaciones en toda España, declaraciones de policías, de ceutíes -hombres, mujeres (sobre todo), ancianos-, vídeos en redes sociales… La situación política es de seria amenaza a la propia existencia de España como nación, como proyecto histórico.

Sabemos que fue una invasión organizada por Marruecos en connivencia con el gobierno de Sánchez; sabemos que se dejó desguarnecida la frontera a propósito, que es una traición; que Pedro Sánchez y su gobierno son el principal y más peligroso enemigo de España; que no se convocó a las Cortes ante una agresión externa a la soberanía nacional; que no hay ningún plan para resolver la situación de los ceutíes, antes al contrario; que se puede y se debe expulsar a los invasores; que hay cómplices de los traidores por omisión y cobardía; que el Rey debería haber ido a Ceuta (ni la menor manifestación inequívoca de patriotismo esencial); que los altos mandos militares no van a mover un dedo para cumplir con sus deber constitucional; que el comandante general de Ceuta ha desaparecido; que se han entregado a las hordas invasoras las calles de Ceuta, la ciudad mártir, porque ese es el papel que le toca según Sánchez; que esa será la normalidad en los próximos meses (vacunamos a miles, se da de comer a miles, se aloja a miles, criamos a miles a 4.000 euros/mes…); sabemos que no debemos esperar nada de determinados partidos políticos que ladran con la boca pequeña; que los negocios son los negocios (no sólo el gran bazar en que han convertido Ceuta).
Después vendrán Melilla, Canarias (hay quién no se lo cree), Cataluña, Vascongadas,…El sur de España ya es una narcorregión por obra y gracia de Marruecos y la complicidad del gobierno de Sánchez.
El pueblo español calla, mira, se somete; es el resultado de la educación recibida durante generaciones: Total, esas ciudades están en África, no son españolas, que se las queden, no nos molesten la siesta.
La situación creada es inmanejable por este gobierno. No hay voluntad política de hacerlo; no se ha hecho, no se está haciendo y no se va a hacer (me río y me cisco en el llamado mando único) y menos por la fuerza si es necesario, que el Ejército está para desfilar bonito, de pitiminí ó destinado lejos, sirviendo a intereses ajenos, donde no se le necesita. Entonces, «Ceuta se defiende»; empieza a defenderse.
«Sólo el pueblo salva al pueblo». Pues si es verdad, ¿a qué esperamos. Limpiemos nuestra Patria de invasores, traidores, cobardes y comparsas. Unámonos toda la sociedad civil: Asociaciones de veteranos, culturales, deportivas, Reales Academias… O nos ponemos manos a la obra o Adiós España.
Antiguamente los ejércitos desfilaban victoriosos tras una campaña victoriosa, liberación de una ciudad o conquista de otra. Modernamente son señal de orgullo patrio, escaparate de poder disuasorio, signo de unión del ejército y el pueblo que defienden. El próximo día 12 de Octubre es la fiesta Nacional, día de la Hispanidad, de la Guardia Civil y de la Virgen del Pilar, Patrona de España. Habrá desfile. ¿Qué orgullo patrio, qué poder disuasorio, que hermandad con el pueblo, que “autoritas” van a exhibir el gobierno traidor, los cobardes preparaos y los comparsas de papel con estrellitas en la bocamanga?
Después, sarao en el palacio de invierno -digo de Oriente-. Que con su pan se lo coman. ¡Qué pena, que rabia y que impotencia tener que decir esto!. Ese no es nuestro puesto. Han roto todos los lazos. Nosotros, los españoles trabajadores y honrados, nuestros hermanos hispanoamericanos y quién se nos quiera unir, estaremos al aire libre donde se respire libertad y amor a España. Estaremos a las doce en la Plaza del Dos de Mayo, con los humildes que sí mostraron orgullo patrio, dignidad y autoritas; con nuestros héroes que arriesgaron su vida por España en el momento preciso.
¡Viva España! Fuera traidores, cobardes y comparsas.
