MALVINAS ARGENTINAS, GIBRALTAR ESPAÑOL
Este debe ser el lema de la final del Mundial de fútbol del 2026. La celebración de los jugadores argentinos tras ganar a la “pérfida Albión” en su semifinal, es lo mejor que ha ocurrido en estos mundiales de fútbol y debería culminarse con una pancarta conjunta de ambas selecciones finalistas.
Mal empezaron estos mundiales, aquellos que no quieren politizar el deporte, según manifiestan ellos mismos, estipularon que en las conferencias de prensa únicamente podían utilizarse el inglés y los idiomas oficiales de las dos selecciones que disputarían el encuentro. “Pregunte en inglés o en las lenguas que hablamos hoy”, fue la orden que recibió el periodista que formuló su pregunta en español al delantero Vinícius Jr, antes del partido celebrado el 13 de junio entre Brasil y Marruecos, una situación similar ocurrió con Achraf Hakimi, de Marruecos, y Frenkie de Jong, de Países Bajos, a pesar de que todos ellos estaban dispuestos a contestar en ese idioma.

Esta medida produjo tal cantidad de críticas en las redes sociales, máxime cuando el español es el idioma oficial de uno de los países organizadores, México y además uno de los más hablados en Estados Unidos, que, aunque la FIFA explicó que los servicios de traducción son solicitados por cada selección, no tuvo más remedio que “plegar velas” e incorporar el español a las conferencias de prensa, permitiéndose a los periodistas formular preguntas en ese idioma, al igual que a los futbolistas responder en español.
La rectificación de la FIFA no fue fruto de la casualidad. Entre las iniciativas que reclamaron públicamente el respeto al español destacó la carta remitida por el Protocolo de Santa Pola a la presidencia de la FIFA, en la que denunciaba que «esta política restrictiva no solo agravia al país anfitrión, sino que inflige un desprecio desmesurado a las naciones hispanohablantes participantes… Imponer la exclusión de una de las lenguas más habladas del planeta representa un acto de colonialismo cultural inaceptable», reclamando además una disculpa oficial y el reconocimiento pleno del español en todas las actividades del Mundial.
Una vez más pretendían postergar al idioma español al ostracismo, potenciando el inglés como idioma imperante, como diría el profesor Marcelo Gullo, su manera de subordinar el resto de las culturas a la suya, pero les salió mal la jugada y al final en los mundiales se habla con “Ñ”.

Por todo ello, el próximo domingo, la fiesta mundial del fútbol será celebrada en español, la FIFA y la oligarquía que la controla, tendrán que soportar que la segunda lengua materna más hablada del mundo sea la lengua universal del campeonato, gracias a las selecciones de España y de Argentina, hispanos de ambos hemisferios enfrentados en un partido, pero unidos en la lengua y en la cultura, tras haber dejado en las semifinales apeadas a dos naciones antagónicas históricamente: Francia e Inglaterra, respectivamente. Gane quién gane habrá ganado la Hispanidad, los hijos del IMPERIO ESPAÑOL.
Esta final del Mundial enfrenta amistosamente a dos ramas de una misma estirpe, precisamente en estos momentos que ambas están sometidas a la subordinación del globalismo imperante y ambas son dirigidas por gobernantes cuyos intereses personales están destruyendo a los pueblos a los que gobiernan.
Gobernantes que, a su vez, representan intereses contrapuestos, uno marxista, el otro liberal a ultranza, ambos dañinos para sus respectivos pueblos. Gobernantes que, si nada lo remedia, compartirán la tribuna de autoridades y la compartirán con un tercer personaje, el presidente americano. Tres personalidades distintas y una misma naturaleza, habrá que estar más pendientes del palco que del terreno de juego, observando de si se dan la mano, un beso o una puñalada, sobre todo si además viene amenizado con cánticos realizados por el público español coreando esa cantinela tan popular que empieza citando un nombre y termina recordando a su santa madre.

Para terminar, vuelvo al origen de este artículo, este domingo, en el césped se enfrenta exactamente la misma sangre, la misma cultura, los mismos valores, las mismas reivindicaciones. Gane quien gane, la gloria será hispana.
Por eso, es bueno recordar ante el mundo que al sur del continente americano, en el Atlántico, hay un puñado de islas heladas que Inglaterra robó a Argentina hace casi dos siglos, cuando en 1833 las usurparon sin ningún derecho, los ingleses las llaman «Falkland Islands», pero su verdadero nombre es el de “las Islas Malvinas”, un territorio que nunca debió de dejar de ser argentino y que, en el intento de ser reconquistado el 2 de abril de 1982, le costó la vida a 650 de sus soldados, muchos de ellos adolescentes recién reclutados, en definitiva, mártires por una causa nacional.
De igual manera, España limita al sur con la deshonra de Gibraltar, arrebatada tras un vergonzoso acuerdo en Utrecht en 1713, única colonia que queda en Europa y que hace unos días, el actual gobierno español, en un nuevo acto dictatorial, sin consulta alguna, ya no en plebiscito, que nadie recuerda lo que es, ni tan siquiera consultando al órgano máximo de la soberanía nacional : el Congreso; ha decidido, de manera unilateral, dar un nuevo paso para afianzar la colonia inglesa, suprimiendo la verja.
De ahí que aplauda ese gesto de los jugadores argentinos, reclamando ante el mundo entero un derecho histórico, avergonzando al colonialismo británico por su posesión ilegítima, al igual que debieran hacer los jugadores españoles y terminado el partido, gane quien gane, abrazarse exhibiendo una pancarta común: “MALVINAS ARGENTINAS, GIBRALTAR ESPAÑOL”.

Grito y reclamación al que nosotros desde Argumentos y Razones (ARAD) también nos sumamos.