Por Cristina Pérez (Presidente de ARAD)
Crónica de la manifestación del 25 de octubre de 2026. Cuando una ciudad reclama seguridad, dignidad y respuestas, mirar hacia otro lado también es una forma de abandono.
MADRID, 25 DE OCTUBRE DE 2026.
Nosotros estuvimos allí. No nos lo contaron, no lo vimos a través de una pantalla ni nos conformamos con leer titulares al día siguiente. Estuvimos en Madrid, junto a las mujeres caballas, para acompañarlas en una jornada que tenía un objetivo claro: llevar hasta el corazón político de España la voz de quienes consideran que Ceuta lleva demasiado tiempo esperando respuestas.
Nos reunimos en las inmediaciones del Museo Antropológico de Atocha. Desde allí, con la preocupación por Ceuta como motivo común y la voluntad de hacernos oír, nos sumamos a una movilización que puso sobre la mesa una realidad que sus convocantes llevan tiempo denunciando. La manifestación partió de la glorieta de Carlos V y avanzó hacia el Congreso de los Diputados.
No fuimos a Madrid para hacernos una fotografía y regresar a casa con la conciencia tranquila. Fuimos porque creemos que Ceuta merece atención, que sus vecinos tienen derecho a exigir seguridad y que las mujeres que han decidido dar un paso al frente merecen ser escuchadas, no despachadas con promesas vacías.

Cuando las mujeres tienen que alzar la voz, alguien debe escuchar
Mujeres Caballas ha convertido la preocupación de muchas ciudadanas en una reivindicación pública. Mujeres de distintos ámbitos profesionales y sociales han decidido organizarse para denunciar lo que consideran un deterioro de la seguridad y de la convivencia en su ciudad, y para reclamar una respuesta institucional a la altura de los problemas que describen.
Su mensaje en Madrid fue directo: Ceuta no puede seguir esperando mientras sus ciudadanos reclaman soluciones.
Las denuncias sobre inseguridad, la preocupación por la frontera y el sentimiento de abandono institucional estuvieron en el centro de la movilización. No hablamos de cuestiones menores ni de un debate que pueda despacharse con una declaración de compromiso. Hablamos de la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, de su tranquilidad cotidiana y de su derecho a exigir que las administraciones cumplan con sus responsabilidades.

Quienes estuvimos allí entendimos el sentido de la convocatoria: acompañar una reivindicación que exige hechos. Porque las preocupaciones de una ciudad no desaparecen porque dejen de ocupar titulares. Y porque escuchar a las mujeres que denuncian una situación no debería ser una concesión política, sino una obligación de cualquier institución que se tome en serio a sus ciudadanos.
Y hubo una ausencia que tampoco debería pasar inadvertida: la de buena parte del feminismo de izquierdas que tanto proclama defender a las mujeres. Allí estaban las mujeres caballas, poniendo voz a sus preocupaciones, reclamando seguridad y exigiendo respuestas para Ceuta. Pero no vimos esa misma movilización de quienes acostumbran a presentarse como portavoces de todas las mujeres. ¿Dónde estaban las consignas, las pancartas y la solidaridad que se invocan cuando conviene? ¿Acaso hay mujeres cuyas reivindicaciones merecen menos atención porque resultan incómodas para un determinado discurso político? La defensa de las mujeres no puede depender de quién gobierna, de quién denuncia ni de si sus reclamaciones encajan en una ideología. Si la solidaridad feminista es universal, debe demostrarse también cuando las mujeres caballas alzan la voz. Porque defender a las mujeres no consiste en elegir a cuáles escuchar: consiste en no dar la espalda a ninguna. El SILENCIO también define.

De Atocha al Congreso: que nadie diga que no lo sabía
La manifestación llevó las reivindicaciones hasta las inmediaciones del Congreso de los Diputados. El recorrido tenía un significado evidente: las demandas no se dirigían únicamente a quienes viven en Ceuta, sino también a quienes tienen capacidad de decisión en Madrid.
Las convocantes reclamaron un refuerzo de los medios humanos, materiales y tecnológicos en la frontera, medidas específicas para responder a las circunstancias de Ceuta y una mayor implicación de las instituciones españolas y europeas.
Son reivindicaciones que exigen debate, decisiones y rendición de cuentas. No basta con reconocer que Ceuta tiene una situación geográfica singular. No basta con recordar que es frontera exterior de la Unión Europea. Si esa realidad implica responsabilidades adicionales, deben traducirse en recursos adecuados, coordinación efectiva y políticas cuyos resultados puedan comprobarse.
La frontera no puede ser únicamente una línea en un mapa cuando llegan las dificultades. La responsabilidad del Estado tampoco puede quedarse en una declaración institucional.
Quienes estuvimos en Madrid respaldamos el derecho de los ceutíes a exigir explicaciones y soluciones. Y lo hicimos porque creemos que una reivindicación ciudadana no pierde legitimidad por resultar incómoda para quienes tienen la obligación de responder.
No aceptamos que Ceuta quede relegada al olvido
Ceuta no es una nota a pie de página de la política española. No es una frontera de la que solo se acuerdan las instituciones cuando estalla una crisis. Es una ciudad habitada por ciudadanos que tienen los mismos derechos a la seguridad, la protección y la atención pública que cualquier otro español.
Por eso estuvimos allí.

Estuvimos para respaldar a las mujeres que han decidido poner voz a sus preocupaciones. Estuvimos para reclamar que sus testimonios se escuchen con seriedad y que las denuncias se investiguen con rigor. Estuvimos para recordar que la seguridad ciudadana no es una cuestión secundaria y que la protección de las fronteras exige medios, planificación y responsabilidad política.
Y también estuvimos para defender algo elemental: exigir el cumplimiento de la ley no significa renunciar a los derechos fundamentales de nadie. Significa reclamar que las normas se apliquen, que las instituciones actúen dentro de sus competencias y que los ciudadanos puedan pedir cuentas a sus representantes.




No necesitamos exageraciones para defender a Ceuta. No necesitamos inventar amenazas ni atribuir responsabilidades colectivas. Los problemas reales, las denuncias concretas y las obligaciones de las administraciones bastan para exigir una respuesta contundente.




Las palabras ya no son suficientes
La movilización puso sobre la mesa un plazo de treinta días anunciado por la plataforma para reclamar respuestas a sus demandas. Ahora corresponde comprobar qué compromisos se concretan, qué medidas se adoptan y qué resultados pueden acreditarse.
Ese es el verdadero examen. No las fotografías, no las declaraciones de apoyo y no las promesas pronunciadas ante las cámaras. El examen consiste en demostrar que las reivindicaciones ciudadanas tienen consecuencias y que las instituciones están dispuestas a asumir sus responsabilidades.

Porque una manifestación puede llenar una calle durante unas horas, pero la responsabilidad política permanece cuando la calle vuelve a quedarse vacía.
Y si las preocupaciones expresadas por Mujeres Caballas no reciben una respuesta suficiente, la pregunta seguirá en pie: ¿para qué sirven las instituciones si los ciudadanos sienten que deben desplazarse hasta Madrid para conseguir que sus problemas sean escuchados?





Nosotros estuvimos allí. Y no vamos a fingir que no ha pasado nada.
Regresamos con la convicción de haber acompañado una reivindicación que merece atención pública. Estuvimos junto a las mujeres caballas porque creemos que ninguna ciudad debe sentirse abandonada y porque la defensa de la seguridad, la dignidad y los derechos de sus ciudadanos no debería depender de su distancia respecto a la capital.

No corresponde a una manifestación resolver por sí sola una crisis. Corresponde a las instituciones actuar. Pero sí corresponde a los ciudadanos señalar los problemas, exigir explicaciones y recordar a sus representantes que su responsabilidad no termina cuando se apagan los micrófonos.
El 25 de octubre estuvimos en Madrid. Desde Atocha hasta las inmediaciones del Congreso, acompañamos una voz que reclamaba ser escuchada.
Que nadie diga que Ceuta no ha hablado. Que nadie diga que las Mujeres caballas no han reclamado respuestas. Y que nadie confunda el silencio de los despachos con la desaparición de los problemas.
CEUTA MERECE RESPUESTAS. LAS MUJERES CABALLAS MERECEN SER ESCUCHADAS. Y NOSOTROS ESTUVIMOS ALLÍ PARA DECIRLO.
